La lección final

25/12/2023

URIANGATO
Oreja y dos orejas
Santa Fe del Campo

 

Sólo podía tener 2023 la rúbrica de la última gran tarde de toros de Diego Ventura. La lección final, el broche de oro. Un despliegue de lo mejor de su concepto genial y tamizado con el hambre encendida de quien pareciera estar jugándose la siguiente tarde. Es la pasión innegociable que le distingue y le aupa a la cúspide del rejoneo donde manda en virtud a tardes como la de hoy y a faenas tan redondas y magistrales como la del último toro, un animal bravo y, como tal, exigente, que le dio todo sin regalar nada y ante el que Diego compuso una obra de tanta belleza como emoción.

Se llamó Compartido su último toro de 2023, al que cuajó, como queda dicho, su última gran obra de un año soñado. Y lo toreó al ralentí, a ese ritmo de mecida tan mexicano, desde el recibo con Quizás. No quiso ni dio Ventura un solo tiempo muerto a su faena, así que puso en liza a Nivaldo, que fue un deleite y un derroche de capacidad y torería, de belleza preñada de suficiencia al propiciar encuentros absolutamente a cámara lenta. A la cima de la obra se sumó Bronce en su enésima exhibición del año. Toreo en la cara, puestos los pechos entre los pitones, su cara también. La testuz del caballo rozando la del toro, muy despacio, congelando la suerte y su tiempo, hipnotizando la embestida del burel, adueñándose de los espacios que debiera corresponder a los dos, pero que Diego hace suyos con Bronce y de nadie más. Entusiasmada la gente, fue rotundo el epílogo con Generoso, rejón de muerte incluido, lo que justificó la fuerte petición del rabo que el presidente denegó, de ahí la sonora bronca que el público le tributó.

El primero fue un toro encastado que Diego Ventura entendió, lució y cuajó desde el recibo con Quizás. Le tomó el pulso desde los primeros compases y ya fue todo un ejercicio de precisión y emoción a más. En el toreo por dentro con Profeta, con la embestida embebida en milímetros, y al quiebro después con Velásquez en embroques emocionantes tras citarlo en largo. El broche lo puso con Generoso, puro espectáculo a la hora de lucir las suertes hasta meterse al público en el bolsillo, preámbulo de pasajes de tan alto nivel como el par a dos manos previo al rejón final. Pidió el público la segunda oreja, pero el palco tampoco atendió aquí la voluntad popular.