El mejor comienzo posible

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Morón de la Frontera era hoy el punto de partida de la decimonovena temporada en activo de Diego Ventura. Diecinueve años de un camino recorrido con el horizonte puesto siempre en el infinito. En el querer y en el buscar siempre más. Siempre lo más. Siempre lo máximo. Diecinueve años de una trayectoria que ya es leyenda aun sin haber terminado. Morón de la Frontera era hoy la primera corrida de toros de 2017 para el jinete de La Puebla del Río, el arranque de un año que se presenta bonito. Y que ilusiona íntimamente al propio Diego, quien cada vez vive más sus cosas hacia adentro. Es decir, buscando nutrir su inquietud de lo más y de lo máximo. No ya entendido desde lo cuantitativo, sino desde la necesidad personal de dar respuesta a su propia ambición, a cada una de las aspiraciones que aún forman parte de sus alforjas diecinueve años después.

Desde el ambiente de fiesta que la envolvía, con la plaza completamente llena, la tarde se prestaba a cosas bonitas. A disfrutar y hacer disfrutar. No pudo hacerlo más de lo preciso Ventura en su primer toro de la corrida, el primero de la nueva temporada, Pajarito-25, con el hierro de Las Monjas. Careció de celo el animal. Se apostó en sus reservas y obligó al rejoneador a hacer labor de lidia. Lo había recibido con Lambrusco y construyó todo el tercio de banderillas con Nazarí, experto en tantas cosas. También en su capacidad para exprimir donde parece que no hay. Diego se iba con Nazarí a esos adentros donde el ejemplar de Las Monjas esperaba siempre y tiraba de él abriéndole al tercio para ahí clavar con eficacia y ajuste y luego engarzárselo para llevarlo toreado en cuartos de plaza por ese mágico hilo que hila lo imposible y que se llama temple. Parecía mentira que Diego fuera capaz de extraer aquello de donde no parecía que hubiera. Pero, claro, se trata de Ventura… Porque ya no cabía más, concluyó la faena con Remate en las cortas a base de volcarse literalmente sobre su oponente, al que pasaportó de un rejón. Fue el argumento del primer trofeo. Diego Ventura brindó esta primera faena a Manuel Díaz y Julio Benítez, los hermanos El Cordobés, en la primera vez que coincidían en una plaza de toros. Gesto de torero.

La recompensa llegó en el cuarto toro, Cantaor-23, de Las Monjas también, y que fue bueno y se prestó mucho más. Lo disfrutó de salida el jinete con Añejo, que otra vez desplegó esa elegancia innata que le alumbra para lidiar a los toros y ganarles la voluntad a base de convencerles. Les convence porque acaricia sus embestidas y con caricias, todo es más fácil. El toro tenía ritmo, buen son, material propicio, pues, para gozarlo entonces con Nazarí, a quien tocó hoy desplegar muchas de sus cualidades tan diversas. Literalmente, se metió debajo al de Las Monjas y lo toreó con tacto de terciopelo cabalgando de costado con la embestida sostenida en pocos milímetros. Puro espectáculo que encendió como una caldera la Plaza de Morón. El astado era franco, así que sacó Diego a Ritz y obró entonces ese milagro de quebrar donde no hay terreno para hacerlo. Citaba de largo Ventura, se iba de frente al toro parado en los medios, se detenía, le citaba, acortaba la distancia, se volvía detener, se contenía todo y, en ese instante, citaba de nuevo ya sin vuelta atrás posible echando por delante los pechos de Ritz en lo que el toro se arrancaba al mismo tiempo que Ventura le quebraba batiendo al pitón contrario más de lo que parece físicamente lógico. Lo dicho: un milagro. El milagro del toreo y el toreo hecho milagro. Cobró un rejón fulminante con ese otro valor en alza que es Bombón y el doble premio cayó irremisible para coronar el mejor comienzo posible a la temporada diecinueve de un camino que ya es leyenda aun sin haber terminado…

11/03/2017 Morón de la Frontera (Sevilla)
Balance: oreja y dos orejas
Ganadería: Las Monjas 

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