Para la hemeroteca de la memoria

Portada Zamora

Esa suerte suprema que a veces no es suerte porque se tuerce, deja hoy a Diego Ventura sin el premio material que mereció en virtud de su actuación durante toda la tarde. Se empeñaron hoy los aceros en reducir su triunfo. Pero en lo numérico, sólo en aquello que queda en las hemerotecas de reseñas y crónicas. Hay otro éxito mucho más importante que es el que se guarda en la hemeroteca eterna de la memoria de los aficionados y que hace que éstos lo sean y sigan siéndolo. Y que busquen en las agendas de la temporada cuándo torea otra vez Diego Ventura cerca de su entorno porque tienen ganas de volver a verle, quieren buscarle otra vez y reencontrarse con todo aquello que vieron hoy.

Porque en sus dos faenas rondó el jinete hispanoluso y mereció aquello que negó el capricho del momento final. Fue su primero de María Guiomar Cortés de Moura un toro de 660 kilos, lo que, en cambio, no pesó en su ánimo de embestir y de buscar con celo las cabalgaduras. Se movió el toro que también tenía motor además de chasis y eso le aprovechó Ventura para cuajar una faena con el sello que le es propio de la pureza y la emotividad, de la verdad y de la entrega, del magisterio y la capacidad para imponer su concepto. Recetó dos rejones de castigo a lomos de Bronce antes de componer un tercio de banderillas pleno con Sueño y Nazarí. Con el primero, desafió otra vez Diego a las leyes mismas de la física al recortar tan por los adentros como imposible parece para obrar una vez más esa magia que es el toreo. Cabalgó primero a dos pistas llevando al de Guiomar muy cosido para cambiarle los terrenos en el momento de mayor compromiso del envite, cuando la boca del embudo casi se cerraba y nadie creía que lo pudiera hacer. Pero lo hizo. Ante la sorpresa iluminada de todos. Dejando clavado al toro y pasando él con Sueño inmaculado y triunfal. Una locura. Como lo fue luego su manera de clavar tan ajustada y tan de frente con Nazarí para luego cosérselo al estribo y conducirlo embebido y encelado sublimando todos los misterios que encierra ese misterio que se llama temple. Cerró faena con el carrusel de cortas montando a Bombón y pinchó con el rejón de muerte.

La misma suerte final corrió su faena al segundo, otro buen toro de Guiomar que paró con Guadalquivir clavando dos rejones de castigo. Aún pesó éste más que el anterior. 670 kilos lució el ejemplar del hierro portugués, que tuvo el ritmo como virtud. Eso permitió a Diego Ventura torearlo de costado con Roneo en otro soberbio ejercicio de pulso, de compás, de capacidad para recoger y conducir las embestidas imponiéndoles su propio tiempo. Luego, con Fino y Maño dio sendas lecciones sobre la suerte de clavar al quiebro, dejándose venir mucho al toro para batir justo en la cara. Clavó cortas y rosas con Remate antes de pinchar y tener que echar pie a tierra para descabellar certero. Con todo, pidió el público con fuerza las dos orejas aunque el palco sólo concediera la primera de ellas. Y se quedó corto el premio material, el que queda para las hemerotecas de reseñas y crónicas. Aunque en la de la memoria del aficionado queda lo importante: las ganas de volver a verle pronto. Esas ganas de Ventura que Diego alimenta con tardes como la de hoy en Zamora.

1/07/2017 Zamora
Balance: ovación y oreja con fuerte petición de la segunda
Ganadería: María Guiomar Cortés de Moura 

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