Ventura recupera su cetro en Santander

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No estuvo el año pasado y eso le dolió. Porque Santander siempre fue escenario de grandes momentos para Diego Ventura. Por eso el regreso hoy era tan especial para él. Y, en correspondencia, también el triunfo final en una tarde a más del jinete cigarrero, en la misma tónica que el juego de sus toros. Con todos ellos, más allá de su condición, estuvo muy por encima: entregado, capaz, magistral. Como el momento que vive…

La cima de la tarde llegó en el tercero de su lote, el quinto toro de la tarde, Lechuzo-56, el mejor del encierro de Luis Terrón. Fue un buen toro, que se movió y que tuvo importancia en su embestida. Materia prima ideal para Diego, que lo paró en dos metros cuadrados montando a Guadalquivir, con el que asentó sus virtudes para luego en banderillas cuajarlo de principio a fin. Primero, con Sueño, con el que no le había permitido ofrecer su mejor dimensión el toro anterior y con el que se sacó la espina en éste a base de torearlo de costado llevándolo muy cosido al estribo en un ejercicio de pulso mágico y, como tantas veces, casi increíble. Es la sublimación de la capacidad del hombre de hacer sentir al animal que es el caballo a la par que siente él para, así, imponerse al caudal de la bravura. Luego, clavó a base de citar en corto y quebrar muy en la cara, excepción hecha del último rehilete, ejecutado después de darle toda la plaza al astado en el cite, dejárselo venir al tiempo que perdía pasos hacia atrás y buscar el embroque para clavar al encuentro de la embestida del ejemplar de Terrón y el impulso hacia adelante de Sueño. Puro espectáculo, todo verdad. Por eso Santander rugió. Como lo hizo a continuación con Nazarí, otra vez cosiendo la embestida del toro al estribo y conduciéndolo muy templado a un suspiro de la cabalgadura hasta cubrir una vuelta completa al anillo, lo que multiplicó la pasión con que Santander vivía la faena. No bajó ni un ápice esa conexión del tendido con el ruedo en el último tercio gracias al carrusel de cortas al violín de Ventura con Remate, con el que recetó un rejón entero al segundo intento. Sólo esto dejó el premio final en una oreja.

Otra cortó el jinete hispanoluso en el tercero, segundo de su lote. Otro toro que fue bueno, pero que duró menos que el anterior, por lo que lo mejor de su rendimiento lo ofreció en los primeros tercios. El resto, corrió por cuenta de Diego, que lo paró con Bronce para luego iniciar el tercio de banderillas con Sueño. Se pudo lucir más al clavar al quiebro, muy en la cara y muy despacio, dejando que los pitones del de Terrón radiografiaran los pechos del caballo. Se fue parando el astado y ahí es Fino quien manda, en varios palos también al quiebro del máximo ajuste, que fueron como destellos de felicidad en los tendidos, aderezado por sus piruetas en la misma cara. No dejó nunca Ventura que la complicidad de la gente con su faena se minimizara aunque sí se fuera apagando el ímpetu del toro. Por eso expuso una barbaridad en un par a dos manos por los adentros antes de la cortas y por esto, tras cobrar un rejón entero, Cuatro Caminos le correspondió con el primer apéndice de la Feria de Santiago.

Un ovación recogió el rejoneador de La Puebla del Río al terminar su labor con el que hizo primero, con mucho, el más deslucido de su lote. Fue un toro reservón y manso, violento también que no hizo más que defenderse. Lo sabe bien Lambrusco, con el que lo paró Ventura a fuerza de soportar algún que otro feo derrote. Toda esa violencia fue domeñada por Diego con la maestría y el temple que le alumbran junto a Nazarí, capaz como es de dominar la situación cualquiera que sean los elementos. Así pasó también hoy. Porque mandó Ventura con Nazarí en las tres banderillas que puso batiendo muy al pitón contrario y desafiando la acometida defensiva del toro y luego conduciéndolo de costado, otra vez, a milímetros, imponiendo el compás de su pulso a la destemplanza del burel. Abrochó su faena con el carrusel de cortas al violín con Remate y, de no haber pinchado con el rejón de muerte, habría inaugurado ya ahí su marcador de la tarde. Una tarde que sirve para que Diego Ventura renueve el cetro de su mando en Santander.

23/07/2017 Santander
Balance: ovación, oreja y oreja
Ganadería: Luis Terrón 

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