“Es la tarde más importante de mi vida”

Diego Ventura vive en una nube. Lo reconoce él mismo, aunque tampoco le haga falta porque lo denota el brillo de su mirada y lo plena de su expresión. Y es que, al cortar el rabo a un toro en Madrid, el jinete cigarrero ha cumplido "el sueño de mi vida desde que era pequeño, una utopía que me obsesionaba. Por eso di ese salto tan grande cuando vi que el presidente sacaba el tercer pañuelo. Con esa decisión, me ha cambiado la vida". Obtenerlo fue el culmen de una tarde "perfecta, en la que lo que más valor tiene es que todo surgió de forma natural. Después de cuajar y de cortarle las dos orejas al primer toro, ya desaparecieron los nervios y la presión, me relajé y disfruté. Y todo fluyó", confiesa. Diego celebra que "salieron momentos muy bonitos y mágicos que en casa había hecho con las becerras, pero que había que hacerlo ante el toro y en una plaza y tuve la fortuna que todo confluyese en la más importante del mundo. Después de una actuación muy redonda y el público entregado, la tarde fue a más. Uno piensa que puede ir a mejor, pero nunca eres capaz de pensar que puedes llegar a cortar un rabo en Las Ventas y que todo salga bien”.

Y es que la tarde del sábado 9 de junio condensa la esencia de aquello que le mueve hoy en día, una vez alcanzado el estatus que siempre persiguió en el toreo: "Nunca me conformé con la Puerta Grande porque mi objetivo siempre ha sido marcar una época en mi profesión y para eso se necesita protagonizar cosas jamás vistas. Para firmar tardes así también se necesita algo de suerte y la sensibilidad y valentía de un presidente a la altura. Tomó una decisión que favorece a la Tauromaquia y al rejoneo, no le asustó el miedo escénico ni el hecho de que hiciera tanto tiempo que no se cortaba un rabo en Madrid". Ventura reconoce que este triunfo que forma parte ya de los anales del toreo le supo "a gloria. Después de las dos primeras orejas me abracé llorando a mi padre porque era el premio al sacrificio y la constancia. Paso más tiempo con los caballos que con mi familia y mis amigos. A ellos también había que sacarlos a hombros porque son el cincuenta por ciento del éxito". En este sentido, Diego reconoce que sintió a sus caballos que compartían con él el sentimiento de disfrute durante la corrida. "Hubo un momento con Fino, al que le apreté las piernas para que sintiera confianza y seguridad por mi parte. Estábamos esperando que el toro se arrancara y yo sabía que lo haría con violencia y que, para hacer la suerte bien y como la tarde estaba, tenía que arriesgar. Fino sintió ese mensaje que le envié con mi gesto y no le importó jugarse la vida conmigo cuando fuimos a clavar", explica Ventura. "Es de esos días -insiste- en que los caballos te hacen sentir que, si tú se lo pides, ellos van a llegar donde haga falta en el encuentro con los toros. Lo sentí, por ejemplo, con Nazarí cuando íbamos toreando de costado al primero, dando la vuelta completa a la plaza y el toro tan pegado al estribo. Todo esto sólo se consigue desde el trabajo y la perseverancia. Sólo así alcanzas ese nivel tan alto de compenetración con tus caballos". Y sentencia: "No me siento el mejor rejoneador de la historia porque, por época, no he podido competir con quienes yo sí considero los mejores de la historia, pero sí estoy convencido que tengo la cuadra más importante de todos los tiempos".

Tras esta nueva gesta, la gesta por excelencia en un camino de veinte años tan cargado de hitos, Diego Ventura sólo espera "que me dejen ser feliz. Seguir con mi camino sin más vetos, sin tener que perderme estar en tantas plazas donde me tienen las puertas cerradas. Yo creo que ya lo he hecho todo para que esas puertas se abran. Y si no es así es porque el toreo está hundido". Y lanza un augurio: "Ahora viene un Ventura aún mejor porque este tipo de triunfos te dan una paz y una seguridad que hacen que tú sepas que esto puede volver a repetirse en otro momento".

 

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