Ventura celebra el primer herradero de su ganadería brava

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Entre Lisboa y Sevilla, entre Campo Pequeno y la Maestranza, un sueño cumplido. Porque nada hay como darle de comer al espíritu con ese alimento único de los horizontes alcanzados. Es lo que hace grandes a los hombres por dentro: saber que han sido capaces, que pueden, que lo tienen en la mano. Algo así ha sentido estos días Diego Ventura cuando sellaba con sus iniciales el vínculo que establece que esas setenta reses –cuarenta machos y treinta hembras- son SUYAS. Así, con mayúsculas. Que son la simiente sobre la que empieza a construir un nuevo empeño, otro reto, otro anhelo: más alimento espiritual para un artista siempre inquieto, inconformista por naturaleza. Ahora es su ganadería brava, la que ya florece en la tierra luminosamente bella de Herdade de Pancas. Desde su ventana se ve Lisboa entera con toda su carga de melancolía y de modernidad también y ese especial reflejo del mar. Diáfana y cercana. Desde Pancas extiendes la mano y tocas Lisboa…

Es una finca amplia, con su reminiscencia marismeña, como un trocito de La Puebla del Río en pleno corazón de Portugal. Como la confluencia exacta de los caminos de la vida de Diego Ventura. Para más inri, miras alrededor y no ves límites, sólo libertad, naturaleza y luz, mucha luz. Justamente igual que la perspectiva desde la que el propio Diego se asoma cada día a lo que quiso ser, a lo que ya es y a lo que aún aspira a ser… Herdade de Pancas es, no cabe duda alguna, el ecosistema perfecto donde Ventura es intensamente Ventura.

Y ahora un lazo más –si es que cabía- le une a estos pagos. Su ganadería. Ésa a la que ya va dando forma a partir de una raíz puramente murubeña. Cuenta para ello con la bravura que ha ido adquiriendo con reses de Los Espartales, Luis Terrón y Fermín Bohórquez. Tres ramas de un mismo tronco marcado ya indeleblemente con la D y con la V, que es mucho más que un sueño: es el sentido de una vida entera. Todo fue amanecer de la primera noche de la temporada en Lisboa y cumplir con el rito y con el sueño: el primer herradero de las setenta reses con las que todo empieza. En familia y con amigos. Con su gente. Relajado, sereno y feliz. En estado puro, pues. Compartiendo la inmensa dicha de algo tan hermoso como poder tocar aquello que tanto se deseó. Un día íntimamente grande. De los Ventura. De los que conocen bien cada paso del camino que hasta allí llevó… En Herdade de Pancas, con Lisboa a modo de madrina del alumbramiento, corre ya plena la bravura de la sangre Murube con el hierro de Diego Ventura pegado a su presente y a su futuro.

Tras el rito, el otro rito. El rito por excelencia. El toreo. En libertad. A caballo primero y luego a pie. Sin tiempos, sin jueces y sin más cánones que los de la fantasía de crear por crear. El arte en libertad. El toreo en libertad. Y en plenitud. La que proporciona cumplir un sueño entre Lisboa y Sevilla, entre Campo Pequeno y la Maestranza…
Fotos: JOAO DINIS

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